sábado, 10 de noviembre de 2018

Caos Post-industrial


Los invito a escuchar el disco de arte sonoro Caos Post-industrial



Caos Post - Industrial, es un proyecto de Puerto Contemporáneo y La Radio Criolla, que busca crear y fortalecer canales de circulación y catalogación de Arte Sonoro, haciendo especial énfasis en Latinoamérica como territorio dual de creación y reflexión, concentrando sus micrófonos en esta región geopolítica como escenario y trasfondo crítico.


Pueblo mio

La tradicional Semana Santa caraqueña se manifiesta en el Popule Meus de Lamas (1775 -1814), esta se vincula en la actualidad con los sonidos urbanos capturados en la Semana Santa de 2017 en Caracas, caracterizada por protestas, mítines políticos, represión policial, misas, actividades religiosas nocturnas y sonidos de esta época del año. Finalmente, la voz femenina interroga respóndeme culminando en el esperanzador sonido del amanecer.


martes, 20 de marzo de 2018

Entrecruces y miradas


Este vídeo y escrito  fue realizado por la estudiante Luisella Casanova como documento final para la materia Música y Arquitectura: relaciones dictada por el Prof. Daniel Atilano en la  Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la  Universidad Central de Venezuela.       


La Plaza Cubierta del Rectorado de la Universidad Central de Venezuela. Lugar de encuentros, de estudio, de entrecruces y miradas, de alegrías y tristezas. La Síntesis de las Artes de Carlos Raúl Villanueva. La danza y la música aún siguen presentes en sus espacios. A través de superficies sinuosas y espacios flexibles, algunos caminan con propósito, otros sin rumbo. No hay un recorrido específico. Un espacio el cual se puede recorrer de mil maneras diferentes. Los límites se difuminan, se integra la naturaleza al lugar, la invade, al igual que la luz. Un espacio donde se nos presentan muchas historias distintas de manera simultánea, pero que sin embargo se relacionan a través del espacio arquitectónico. Con este ejercicio se pretende interpretar La Plaza como este gran nodo, que reúne todos estos elementos antes mencionados, expresar la versatilidad, el dinamismo que se vive y su complejidad de atmósferas a través de la experiencia y la relación música-arquitectura, el paisaje sonoro, realizando un recorrido del espacio, bajo el enfoque “cinemático” de Bernard Tschumi, en el cual se desarrolla la expresión arquitectónica en aspectos basados en la temporalidad, la secuencia y el movimiento en la arquitectura.
La propuesta de este trabajo, el recorrido, no es en este caso un recorrido específico. La idea era mostrar distintas formas de recorrer la plaza, bajo diferentes puntos de vista. Como recorrer el espacio siendo varias personas a la vez, y a través del tiempo y la melodía musical expresar los dinamismos que posee ese espacio, más que todo a nivel de circulación y movimiento. Se editó y utilizó una pieza musical del compositor mexicano Arturo Márquez, “Danzón n°2” interpretada por la orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela. Se escogió esta pieza por una visión personal, cuya es que, La Plaza, es arquitectura en movimiento, es danza. Sus espacios abiertos invitan al baile y a la creatividad. También se buscó involucrar a las obras de arte presentes en la plaza, las cuales son un elemento importante en la dinámica y organización del lugar, tomando como punto de inicio y de llegada del recorrido, la escultura del Pastor de Nubes de Jean Arp, uno de los símbolos emblemáticos de la Ciudad Universitaria, al igual que los murales de Pascual Navarro, el “Homenaje a Malevitch” de Victor Vasarely, el bimural de Mateo Manaure, entre otros. También se recorren las rampas de acceso al Aula Magna y el lobby de la Biblioteca Central.

Como resultado, el entender, relacionar los conceptos de la música y arquitectura, a través de esta experiencia y al expresarlos a través de este tipo de representación cinemática, se puede de forma eficaz expresar la vida de estos espacios seleccionados, producir sensaciones y a su vez innovar en la manera de pensar y hacer arquitectura.

Fuente bibliográfica: ATILANO, Daniel. 2014. LA SECUENCIA ESPACIAL Y AUDITIVA: RELACIONES ENTRE LA EXPERIENCIA DEL ESPACIO ARQUITECTÓNICO Y DEL TIEMPO EN LA MÚSICA A TRAVÉS DE LA PERCEPCIÓN. Caracas, Venezuela.

domingo, 14 de enero de 2018

Trópico de piano


Trópico de piano: vals (1991) / Comp. Daniel Atilano / Piano: Marianella Arocha

Aprender a escribir es un proceso que toma mucho tiempo, por lo menos en mi caso. Hay personas que tienen un talento para ello. Recuerdo una niña que escribió su primer cuento en quinto o sexto grado. Imaginen ustedes que reciben de una niña, un pequeño escrito con letra infantil, con una portadita negra pegada con teipe adornada con unas estrellitas  y en letras doradas titulada “Estrellita, la hija menor del sol”. Pensé “esto es una ternura”, lo empecé a leer teniendo a la ternura infantil como expectativa. Finalizando la primera página del breve cuento no podía creer lo que estaba leyendo ¿cómo podía una niñita escribir de esa manera? al terminar la miré sorprendido y con incredulidad le pregunté ¿Tu escribiste esto? me respondió con inocencia –si, ¿por qué?- yo cuestioné, en ese instante,  toda mi educación y descubrí que el talento existe.

Un proceso que tomó tiempo escribir fue la música.

La música había despertado en mí a temprana edad, a través del cuatro. Aunque en mi casa se escuchaba todo tipo música a toda hora, los estudios musicales comenzamos a formalizarlos en la adolescencia. Aprender a leer, solfear y escribir la música siendo adolescente fue un proceso mucho más lento, me debatía entre jugar futbol, voleibol, el colegio, practicar solfeo y estudiar violín.  Tocar el cuatro de oído y cantar en cierto modo era fácil, leer y escribir música no, significaba un esfuerzo. Así, creciendo canté en corales y participé con el cuatro en grupos de música tradicional, poco a poco la música fue tomando forma y conciencia en este proceso.

En la escuela de música pude, finalmente, escribir los sonidos musicales. En las clases de composición me encontré con el enfrentamiento faustiano entre modernidad y la tradición. Componer un  vals en el piano me conectaba con mi formación tradicional, me resultaba natural. Descubrir la atonalidad y la música serial significó un esfuerzo y un reto. Un tema particular fue conciliar los ritmos regulares de la música tradicional con los irregulares de la música atonal, una explicación sencilla para entender este concepto sería juntar agua y aceite. Sin embargo, esto se convirtió en centro de mi  interés  en música académica. Así  surgió el Tríptico de piano con el vals como primer movimiento. La excelente pianista Marianella Arocha interpretó de manera impecable lo que había escrito para el piano.

Tiempo después, una cálida tarde de domingo caraqueño departiendo con unos amigos poetas les mostré las piezas y les di el modelo de cuadernillo del disco que pensaba editar, mostraba el nombre de la pieza. En consenso de poetas me recomendaron de modo unánime, “llámalo Trópico de piano”.

Fue escrita en 1991. Esta también fue una grata sorpresa.

Daniel Atilano

jueves, 11 de enero de 2018

El Malmandao'


Ensamble Cuerdas Pulsadas del Táchira - El Malmandao

Era  habitual en las oficinas caraqueñas  encontrarse con el office boy  o mensajero. Solía ser el primer oficio con el que un joven bachiller se iniciaba en el mundo laboral. Generalmente, era recomendado por algún pariente o amigo, poco a poco escalaba dentro de  la estructura gerencial hasta llegar a cargos directivos.  Aquiles Nazoa, por ejemplo,   comentaba en su biografía que había comenzado a los 15 años como office boy  del diario El Universal pasando posteriormente por todos los oficios del diario hasta llegar a corresponsal iniciando así su carrera de periodista y escritor.
Recuerdo que cuando comencé como dibujante en una oficina de arquitectura uno de los personajes más interesante era justamente el office boy. Su contacto con la ciudad era diario  informaba lo que ocurría en la calle, sobre la temporada de beisbol, lotería, ofertas, depósitos bancarios y el café chucherías de los compañero. La jerga de motorizados y vendedores de perros calientes de la ciudad era el lenguaje de su dominio. Cuando las secretarias o la muchachas se molestaban con él decía, “calmatizate mi amor”.
Un día no vino a trabajar y me tocó a mí comprar las chucherías en el quiosco de la calle, confiando en mi memoria escuché todos los pedidos, chocolate de varios tipo, pepitos, maní, tostón, café, etc. todos especificaron las marcas de su preferencia. Al llegar al quiosco se me olvidaron todos los detalles de cada quien, pedí de manera genérica las chucherías al llegar a la oficina con lo solicitado una de las muchachas me miró de arriba abajo y me dijo: “tu si eres malmandao’”. La palabra originó la pieza que lleva ese nombre.
Fue compuesta para el grupo Entrance y en la escuela de música se la enseñé a unos amigos. Edwin Arellano le hizo un arreglo, fue interpretada por los “Sinverguenzas en su primer disco y con la Estudiantina de Mérida.
Después de tantos años  me encontré con el Malmandao’ en las redes interpretada por unos jóvenes del  Ensamble Cuerdas Pulsadas del Táchira.
¡Qué grata sorpresa!
Gracias.

Daniel Atilano

sábado, 9 de septiembre de 2017

Preludio de la Infancia




Ensamble Latinoamericano de Música Contemporánea Simón Bolívar

El mundo infantil es maravilloso e imaginativo, los niños nos sorprenden  en todo momento con sus ocurrencias,  modos distintos de pensar y abordar un problema. Siempre se aprende de ellos. Todo niño es un proyecto futuro, una apuesta futura, lamentablemente, como sociedad hemos fallado en ese aspecto.
Es estupendo cuando un niño logra prefigurar su futuro en su imaginación, se visualiza o imagina como será. Es un ejercicio que realizo con frecuencia cuando tengo oportunidad de compartir con ellos. Hace años los niños se imaginaban como sus padres,  de allí la importancia del modelaje, hoy la competencia con la tecnología y la comodidad, en muchos casos,  hacen que la visualización e imaginación del futuro sea inalcanzable, sin sentido y manipulable. Aún así los niños nos sorprenden.
Cuando realicé la investigación sobre la música electroacústica de Antonio Estévez me pregunté muchas veces cómo y por qué Estévez llegó allí, a esa estética,  a ese modo de pensar la música, siendo en ese momento uno de los compositores de más éxito. Ese cambio de lenguaje y formato de expresión lo afectó mucho, tanto que,  según algunos  expertos,  catalogan ese periodo de Estévez como un momento de silencio de su creatividad musical. Él siempre cuestionó este periodo como un descubrimiento necesario que no le pertenecía, su formación se basó en el lenguaje musical tradicional aprendido del Maestro Vicente Emilio Sojo. Asimismo, existen algunos cuentos y mitos urbanos sobre la relación complicada entre Estévez y Sojo luego de su regreso de Europa debido a ese asunto de la enseñanza musical. Lo cierto es que la respuesta a la inquietud del cambio de estética la encontré en su niñez.
José Balza en su Iconografía sobre Antonio Estévez nos menciona que cuando llega a Paris queda impactado con la audición de Gesang der Jünglinge  (Canción de los Jóvenes) de K. H. Stockhausen, empieza entonces su aproximación y comprensión de la música concreta. Balza señala lo siguiente:

En este período, dos recuerdos perdidos buscan a Antonio Estévez. Uno de ellos fue fijado a los ocho años. Para entonces, el niño contribuía en algo con el trabajo de su padre. Le correspondía vigilar la planta de hielo, en el negocio de aquél, y quedaba solo largo rato. Un detalle contradictorio lo hipnotiza allí: puede ver la polea y su correa, girando sin cesar; sabe que de allí viene un zumbido: y hasta aquí todo resulta claro. ¿Pero esa música, esas variaciones agudas y suaves que interrumpen el silencio, de dónde vienen? ¿Son producidas simplemente por la polea o es un secreto que la máquina quiere transmitir al niño? (Balza, 1982: 22).

No sabemos si esto fue cierto o no, en todo caso, ese sonido escuchado e imaginado por un niño a los ocho años se activaría en su mente en la madurez. Lo investigó, experimentó y expuso ante todos dando a lugar a una música electroacústica, extraña y cruda que le da sentido a la vida del gran compositor Antonio Estévez.
Justamente, con ese espíritu surge Preludio de la Infancia, un homenaje a la niñez, a la vida y obra de Antonio Estévez. Gracias a la creación de esa música pude aproximarme con mayor certeza a la relación entre la música y la arquitectura.

Hace poco encontré el vídeo que encabeza esta entrada. Fue publicado por el XVIII Festival Latinoamericano de Música. Una grata sorpresa que agradezco a todo ese equipo del festival, principalmente a Alfredo Rugeles y Diana Arismendi, dos personas muy importantes en la difusión de la música académica en Venezuela.

Daniel Atilano

domingo, 23 de julio de 2017

La Peña Tanguera

En Bello Monte al lado de la autopista Francisco Fajardo, en avenida Venezuela con calle Tacagua quedaba un antiguo y prestigioso local nocturno donde se escuchaban tangos, La Peña Tanguera. Allí a partir de la siete de la noche ese lugar de ventanas pequeñas y cortinas te presentaba un mundo mágico. Un señor alto, moreno,  voluminoso, lentes oscuros y  bigotes  tipo zorro, trajeado con corbata y “flux” podía detenerte o dejarte entrar al local. Adentro el espacio era oscuro y algo rojizo como consecuencia de la iluminación de las mesas con lamparitas. Una barra de madera con bancos giratorios te recibía, toda una estética década 1950. Se escuchaban tangos y milongas. Allí tuve la dicha de cantar a finales de los noventas con el grupo “Entrance”.

"Entrance" éramos un grupo de amigos coralistas universitarios en su mayoría de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central. Estaba conformado por una urbanista, dos licenciadas en computación, un carpintero, un matemático y un arquitecto nos juntamos para cantar piezas originales y arreglos vocales a seis voces. Fue para mí, como compositor, fue un laboratorio de ideas musicales. Los ensayos memorables fueron horas de trabajo llenos de humor picante y divertido. Si llegabas tarde el “chalequeo” era intenso acompañado cafecito y refrigerio.

Un día nos dijeron para cantar en la Peña Tanguera, como no teníamos un tango para la ocasión  para no perder la oportunidad arreglé la Milonga Sentimental y nos fuimos armados con nuestro repertorio vocal de seis piezas, cinco piezas venezolanas y una milonga. El ambiente era fantástico, allí conocí a dos extraordinarios músicos al bandoneonista Danilo Rivero y al legendario bajista Salvador Soteldo quienes acompañaban a los cantantes de tango, por ellos valía la pena todo el esfuerzo. Ellos nos dijeron que el público de la noche tiene sostenidos y bemoles. Que una presentación puede ser fantástica pero otra puede ser terrible, que tratáramos siempre de hacer buena música para nosotros, ese era el truco. Así, tuvimos un mes de presentaciones inolvidables.

Una noche de sábado a casa llena estábamos inspirados el ambiente era cómplice con nosotros, los propietarios estaban sorprendidos porque, a pesar de no ser la típica música se cantaba en ese lugar, el público había respondido favorablemente. Llegamos al punto de lograr el silencio y atención absoluta, después lluvia de aplausos. Casi para finalizar cantabamos nuestra pieza más delicada,  Niño Lindo. Imagínense ustedes teníamos atrapado al público, cantar una pieza como esa  en ese ambiente, en un Night Club caraqueño. Que sublime ocasión,  finalizando la pieza de pronto se escucha un manotón contra la barra ¡PUM! un despechado ha gritado a todo pulmón: ¡Quiero Tango!  Me acordé en ese momento del sabio consejo de Rivero y Soteldo.


Estos meses las marchas caraqueñas se han apropiado de autopista Francisco Fajardo rememoré estando frente a ese lugar. La ciudad se ha transformado, viene a mi mente José Ignacio Cabrujas parafraseando una de sus entrevistas decía “Caracas no permite recuerdos, no hay recuerdos posibles en ella… tal vez sea por ello que la amo tanto”. El lugar de la Peña Tanguera es hoy una cauchera.

Daniel Atilano

viernes, 7 de julio de 2017

San José de los Altos

Capilla de San José de los Altos.
Foto José Ilidio Spinola
Viví en San José de los Altos cuando era niño, tendría 6 o 7 años. Recuerdo que era un pueblo húmedo y frío. La casa veía hacia los Valles del Tuy, eso era lo que decían mis hermanos mayores y los adultos cuando veíamos hacia la lejanía. Ir para Caracas era un viaje.
Era un pueblo de calles empinadas, la única vía plana estaba frente a la plaza de la iglesia. Esta particularidad más que ser un problema era una oportunidad para los muchachos de aquella época.  En diciembre antes del día 24 de solía haber patinatas frente a la plaza de la iglesia. Los muchachos se levantaban muy temprano, como a las cuatro y media de la mañana salían con los amigos a esa hora a patinar, las calles en bajadas  trocaban en rampas de deslizamiento bajo las ruedas metálicas de los patines “Winchester”.  La aventura comenzaba la noche anterior cuando dejaban todo preparado,  al escuchar las “piedritas en el vidrio de las ventanas” todos salían disparados a la plaza a patinar. Los más pequeños no nos dejaban ir porque “eso era cosa de muchachos”.
Una vez nos llevaron a las patinatas, imagino que mi mamá quería que viéramos de qué se trataba todo aquello, ya que en su niñez y juventud ella había patinado en el Parque los Caobos en Caracas. Siendo tan pequeño no entendía lo de la “misa de aguinaldo” todo estaba oscuro y el cura daba la misa, me preguntaba: ¿para qué son los patines? lo comprendí después. En la iglesia me llamó la atención la presencia de instrumentos  (cuatro, chapero, tambor, furruco)  y el canto de aguinaldos, todos se sabían la letra, creo que allí fue donde escuché por primera vez el Niño Lindo. Después todos, hasta el cura, salían frente a la iglesia, cantaban parrandas,  patinaban, algunos se lanzaban por la bajada. Descubrí más tarde que mis hermanos y sus amigos, ciertamente, disfrutaban  toda la experiencia, sin embargo, lo más importante para ellos no era ni la misa, ni los aguinaldos, ni siquiera la patinata, eran las muchachas. Finalmente, cuando salía el sol, todos regresaban a sus casas.
En esa época la música se manifestó en mi casa de muchas y diversas maneras.  Por una parte, el aguinaldo y la parranda que se tocaban en las patinatas fue retada por  la recién llegada gaita maracucha, recuerdo particularmente a La Suegra que se escuchaba por radio, se popularizó en Caracas, San José de los Altos no escapó de su influencia. El ritmo pegajoso y rápido de la gaita con cuatro, charrasca, furro y tambora junto a la letra divertida y directa gustó mucho.
La otra influencia musical que enloqueció a los jóvenes de ese momento vino del exterior a través de la radio y la televisión, los Beatles. Recuerdo la comiquita de los Beatles que pasaban por aquella televisión en blanco y negro. Los muchachos cambiaron su apariencia, vistieron camisas de bacterias, pantalones de pana y botines. La influencia fue tal que formaron un grupo, los We, tocaron en televisión, fue todo un acontecimiento en la cuadra. Ese grupo de convertiría años más tarde en el grupo Aditus.
Siendo niño aguinaldos, parrandas, gaitas y rock de los Beatles se juntaron en el recuerdo de un pueblo de los Altos Mirandinos en manos de mis hermanos mayores. Lo provinciano y tradicional se unió con lo urbano e internacional. Penny Lane por Pepperland disparó esta evocación.


¿Qué recuerdos tendrá en un futuro un niño de 6 o 7 años de hoy?  

Daniel Atilano